A veces me encuentro en alguno de esos bares camuflados en covachas, oliendo a vino rancio, perdido en una nebulosa espesa de humo, rodeado de risas y ojos rojos cruzando miradas… chocando copas mientras nadamos en el placer de estar por estar, y hablar por hablar… gotas de deleite por estar a gusto, cómodo por el hecho de sentir el roce de aquellos con los que mis recuerdos se funden en el profundo mundo de la memoria. Qué más da si no podemos cambiar el mundo, si por lo menos podemos planearlo…También me ocurre el sorprenderme con el vaso en la mano, mirando en silencio las caras de mis
amigos, mientras escucho las conversaciones, y veo sus gestos y miradas. La verdad es que no encuentro grandes alteraciones en los rostros, a pesar de que se han ido endureciendo los rasgos de manera casi imperceptible. Sin embargo, algunos hemos perdido algo en lo que antes no me fijaba, pero que ahora echo de menos. Algunos rostros han bajado el ceño, abatido el gesto, apretado las mandíbulas y encallado la mirada. Algunos hemos perdido la Inocencia, esa candorosa forma de aplastar necedades y prejuicios. Esa suerte de sistema por el cual se puede paladear lo que te gusta sin preocuparte de nada más que eso... de si te gusta
amigos, mientras escucho las conversaciones, y veo sus gestos y miradas. La verdad es que no encuentro grandes alteraciones en los rostros, a pesar de que se han ido endureciendo los rasgos de manera casi imperceptible. Sin embargo, algunos hemos perdido algo en lo que antes no me fijaba, pero que ahora echo de menos. Algunos rostros han bajado el ceño, abatido el gesto, apretado las mandíbulas y encallado la mirada. Algunos hemos perdido la Inocencia, esa candorosa forma de aplastar necedades y prejuicios. Esa suerte de sistema por el cual se puede paladear lo que te gusta sin preocuparte de nada más que eso... de si te gustaEntre tanto otros siguen disfrutando, y los demás con ellos, del placer de reír sin miedo a si sus carcajadas chirrían demasiado respecto a los demás. Qué placer ver y compartir alborozos por fruslerías, sin reparar en lo que los franceses llaman “autrui”…
Los demás en cambio nos quedan fugaces destellos de candidez que intentamos matar a cañonazos al darnos cuenta de que los demás la han condenado al destierro a la clausura o al abandono.
Supongo que el deshonesto cambalache que nos ofrece la vida, a algunos, nos resulta demasiado caro. Habrá que dejar de pensar un día de estos....
y ponerse a disfrutar
0 Comments:
Post a Comment
<< Home